
Alguien exclamó: “John y Paul” y otro alguien asintió con la certeza que sólo tienen aquellos que han comprado todos los boletos de una rifa. Uno de esos alguien estaba en un open door de Aldo Bonzi y el otro había confundido floripondio por té verde, pero no por eso vamos a invalidar las asociaciones de estas personas (muy peculiares si permiten que de mi opinión), ya que si bien los sujetos de la foto no son el poroto que germinó en los Beatles tranquilamente lo podrían haber sido (casi 40 años más tarde, claro esta). Justamente esta imagen ilustra el comienzo de lo que luego devendría en un camino de fama, drogas, luchas de egos, la aparición de una guatemalteca de nombre Amneris y una estrepitosa caída hacia el anonimato más rotundo (y se podría decir que no necesariamente se dio en ese orden), todo esto con el rock como banda de sonido principal. Por eso, amigos, el título de este artículo, porque así como los cowboys de Liverpool mencionaban en innumerables reportajes lo crucial de la influencia de Pancho y la Chingolos Band vemos como estos dos personajes de aquí arriba muestran su devoción por las obras del mismo artista. ¿Qué fue de la suerte de estos trovadores del tercer mundo? ¿A dónde fue a parar toda la magia y el brillo que desplegaban en sus presentaciones en las cárceles del conurbano bonaerense? Incógnitas existenciales que, ojalá, nos serán reveladas en breve. Esperemos que estén leyendo esto y que hagan acto de presencia cuando se de el encuentro y, quien sabe, hasta nos den el gusto de tocar uno de esos clásicos que sonaban en fm caraza, allá por 1996.
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